Cosmonautas en este espacio.

19 enero 2013 0 Comentarios

BESO INFINITO.

Hazme el amor en prosa 
con la pluma de tus alas.
Muérdeme el alma con 
tus labios
¡qué duela!
quítame la piel, 
déjala a un lado para 
que no nos estorbe luego,
toma mi mano y 
enlaza tu universo 
al mio
que el silencio sea el poema
y la noche un beso infinito.
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ADIÓS POET.A

Heme aquí al final del camino 
donde los pájaros no llegan, 
ni la noche.
Y tu débil rostro es el aire frío 
de un recuerdo sangrando mis manos,
un acetato en un tocadiscos
un cigarro a la mitad
una sombra distante
una rosa con una espina en la mirada.

23 noviembre 2012 0 Comentarios

No sé.

Estos ávidos ojos que aguardan dibujan sombras en los pliegues de la tarde, trocitos de amapola circundando las estrellas, cubriéndome las manos, el cuerpo, la nariz, la boca....

Miro el reloj y son las ocho, las nueve, las diez... Ya no importa cuánto espere o cuánto más tenga que esperarte. Pareciera que a veces te veo pasar la acera de la calle caminando a no sé dónde ni en qué sentido.

Este vacio que se cose a mi garganta no me permite tan siquiera mucitar una palabra,
me tiemblan las rodillas y se me entumece el alma cuando me apuntas a lo lejos. No logro imaginarme, imaginarte tan cerca, distante, tan cerca.

No sé que sea ahora ni que será despues, crece muy rápido, tan rápido como un árbol de naranjas que va echando raíces a tu lado, bamboleándose de aquí para allá como un niño en fuga.

De vez en cuando también me cuestiono de lo bien que puede llegar a sentirse decirse mentiras uno mismo, alguién te espera al otro lado del bulevar, junto al parque, en aquel árbol donde el arcoíris sale todos los días.

No sé, te extraño.
06 septiembre 2012 1 Comentarios

Niña Intergaláctica.

Tenemos cierto tiempo en conocernos, aún así creo que nos separa un gran abismo y a la misma vez nos corroe una eterna terquedad de querer comernos el mundo a palabras.

Hay una cosa que hemos ignorado querida mía, estamos hechos en el 99% de los casos de amor, ese amor semejante al otoño que salta entre las púpilas, nos retuerce el estómago hasta sacarle cosquillas. El amor es un estado aveces de completa demencia, otras de alegria. Un traje que vestimos cuando llueve, cuando vamos al super a hacer las compras. Pero el amor es algo infinitamente grande como para amordazarlo. Al amor hay que dejarle volar, que vaya, que vuele de rama en rama ensillando de a poco el horizonte.

¡Oh pequeña niña intergaláctica de ojitos intranquilos! ¿en qué estarás pensando ahora? no lo sé, me gustaría saberlo. Ese silencio no es bueno lo presiento, puedo oír al mar arrullar las caracolas, al viento mecerce en el tejado de tú casa.

Dirás que habito en el pasado y que soy un monstruo pero es que no puedo dejar de evocar una y otra vez aquella noche en la que entraste por la ventana, me hiciste el amor como ninguna mortal me lo había hecho antes, esa noche el amor fue más que amado. Pareciámos dos niños mordiéndonos las ganas, las distancias.

En esa de tantas huídas al parque una vez preguntaste como en un susurro que si te quería. No estoy en la obligación de responderte no porque no quiera ni porque se me hallan acabado los argumentos, no pienses que no te quiero porque te quiero, te quiero, sólo que a veces te amo, te amo con las manos, con la boca, con el alma entre tus pechos, prófugo infinito de tu sombra ausente. Si te sentaras por un instante de nuevo aquí en mis ojos estaría un poco más tranquilo. Ese temblor que viene de la boca me estremece las piernas, me sacude el letargo y no me deja dormir. Bebo cuatro tazas de café para conciliar el sueño, parezco una locomotora, ingiere, ingiere, ingiere, no puedo conciliarme, estoy triste lo sé, las ventanas pueden notarlo.

Excusa de nuevo mis modales, mi instencia de perro, mis faltas de ortografía, los pedazitos de galleta en el poema. No te escribo una posdata porque esto no es una carta, no intento que lo sea, las cartas vienen y van entre un sobre que posiblemente ahoge mi lamento de tenerte aquí conmigo. En vez de eso prefiero el poema para cuando llegue a tus manos y puedas leerlo en la espesa tranquilidad de tu balcón, donde sé que me miras y te ries continúamente de mis desdichas, como la vez que caí rodando por las escaleras. fuí un tonto al partirme la clávicula, cuatro costillas, el dedo meñique del pie, o como tu le llamábas. Alfonisto.

Te amo, dulcecisto de leche. Mi pequeña niña intergaláctiva, viajera soñadora.
04 septiembre 2012 0 Comentarios

Mientras espero el tren.



Mientras espero el tren veo pájaros que con voz de lluvia abren caminos entre la bruma, se hacen relámpago y echan raíces en los ojos. Cual espectáculo de luz engendra el cielo en la tierra y da por nombre tempestad, que afuera en la gran ciudad ni una sombra se mueve. He quedado nuevamente sólo con un rumor de ausencia entre las manos, a lo lejos el infinito parece perderse entre los rieles, lor árboles abren sus paraguas a la misma vez que se sacuden los horizontes. Mientras espero el tren....





27 agosto 2012 0 Comentarios

Sabes muy bien que te amo.

Sabes muy bien que te amo.
te amo entre fragmentos
de pétalos rotos
entre el dulce sabor
a vino.

Sabes muy bien que te amo
con la noche
entre las manos
con mi lengua
entre tu boca
te amo, te amo.
Te amo a corazón
desnudo
adormecido por
tus besos.
te amo, te amo

Sabes muy bien que te amo
entre lirios
y azucenas
entre fotografías
perros lánguidos
y una cama vieja.
Te amo, te amo.

Sabes muy bien que te amo
pero te necesito aquí conmigo
para poder
amarte completa.








28 julio 2012 0 Comentarios

Lienzo.

Su cuerpo es un baúl de silencios
un lienzo en blanco
que pinto a besos.
01 julio 2012 0 Comentarios

Nada es como era.

Han pasado treinta años y el tiempo parece que no envejeciera. El parque ha ido quedando sin amantes, nadie escribe su nombre entre la bruma, nadie juega  a dibujar constelaciones a la copa de los árboles, de vez en cuando pasa una viejecita con sombero de bohemio a contarme sus historias...
14 junio 2012 1 Comentarios

ENCUENTRO.


Insólito instante en el que el alba golpea el sueño, quema con fulgor la existencia, luego como por antesala el despertador chilla indicando las cinco de la mañana. Debo levantarme, hacer los rituales previos al despegue, sacar del lavabo los zapatos de ducha  que en la noche anterior había echado en remojo, no por ganas propias sino por curiosidad a ver si se arrugaban como los dedos de la mano, como los dedos de los pies, como se arruga el alma a veces cuando llueve.  

La primera circunstancia por no decir obstáculo y recaer en lo repetitivo, es que precisamente no tuve agua ese mismo día, por un momento se cruzó por mi cabeza la idea de salir desnudo a la calle y pedir un baño prestado, el de mi vecina, la rubia de ojeras prolongadas, senos perfectamente levantados a la altura de su cuello, curvas como carreteras que iban directamente al infierno. Como hechos  que se desencadenan el  acto anterior podría llevarme a un juzgado en el que seguramente me tildarían de loco y me imputarían los cargos de exhibicionista; en todo caso no tendría el dinero suficiente para costearme un abogado que sepa de rubias y desnudos.

Giré la llave y en vez del líquido cristalino cayó una nube de polvo que cubrió por completo mi rostro, la misma que cubre con recelo las paredes de la casa. Me avivé entonces a poner en práctica las clases de karate, salí dando botes hasta encontrar las escaleras, me arrastré  a ciegas por el barandal tratando de esquivar el vértigo que me producen las mismas, así pues llegué abatido hasta el sofá de terciopelo azul en el que yacía mi camiseta a cuadros. Con un ligero movimiento de manos me la eché encima y apresuré a anidar los doce botones perfectamente añadidos a la costura, no tuve más remedio que repetir una y otra vez el mismo movimiento, pues nunca he sido bueno en eso de abotonar, pero existen a quiénes éste procedimiento les resulta pan comido y lo adoptan como un deporte.

Ese día, lunes, la lluvia golpeaba rítmicamente el pavimento, pareciera que el cielo se consumaba. Afuera y con el ánimo de tapar las grietas emergentes en el tejado, distribuidas por todo el garaje una cantidad inimaginable de cubetas rebosadas de agua le hacían pasarela a mi automóvil; mientras tanto yo buscaba las llaves del coche con  el cual me abriría paso hasta el trabajo.

Las horas punzaban salvajemente mi estómago, tenía tanta hambre que pude haberme comido las tres cuartas partes de una vaca, la misma que en esos instantes danzaba ante mis ojos. No tuve el tiempo suficiente para desayunar un merecido plato de huevos revueltos con una pieza de pan, acompañado de una espumeante taza de chocolate, quizá esa sea la causa de mi delirio,  ni siquiera tuve el tiempo que  es requerido para afeitarme la barbilla, y con eso lo digo todo.  

Estoy seguro de que alguien en estos momentos estaría deseando tener el trabajo que por desgracia yo poseo, no es fácil  en definitiva ser el asistente de un alcalde, acompañarle durante  todo la mañana en sus reuniones absurdas de las que no sale ni un pedo, verle verter por su hocico cantidades excesivas de cafeína, oírle toser nubes olorosas a cigarrillo y mierda mientras se esfuerza por controlar el  párkinson; al final en un intento casi que heroico le observo firmar tratados y leyes, acto seguido, se la lava las manos, camina hasta su camioneta blindada y sigue como si nada hubiese pasado. Mientras mis meditaciones filosóficas y políticas levemente se acercaban a una falacia, ví asomar bajo la cama el mango de las llaves, me agaché para tomarlas y en eso oí como el pantalón se rompía causando una abertura tan larga como la cordillera de los andes, en la que fácilmente mi mano iba y venía sin problemas. Remendarlo me llevaría horas, de eso estoy seguro, así que tuve que improvisar usando una bermuda del mismo color para cubrir el penoso agujero.

Finalmente listo para partir, sentado en el auto con un pie en cloche y otro en el freno giré la llave dos veces a la derecha, no pasó nada, dos veces a la izquierda, no pasó nada, golpeé abruptamente el volante y en eso escuche bramar el motor del carro, adapté los tres espejos a mis ojos, solté el freno de mano y cuando estaba a punto de salir pensé: Hoy es un muy bonito día para caminar.
05 junio 2012 0 Comentarios

Insomnio.

La noche es un pájaro desplegando sus alas
sobre el abismo
he visto emerger de la boca del pájaro
del pico
de las patas
del árbol
un rostro ausente
que despoja al sueño.
01 junio 2012 1 Comentarios

Hombre lobo

Taciturna, te observo dormir entre sábanas de helecho.
El destello de tu rostro cae de rodillas y arde en mí cuerpo
como una llama que quema la existencia y sólo me queda
el olvido entre las garras.



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Partir.


Hacer la maleta e irme
empacar el viernes
y el jueves de un lado
los martes de café y poesía del otro
empacar las noches y los días
los recuerdos, las horas de nostalgia
los abismos.
empacarte a ti.
partir de repente
sin hacer ruido.
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Oigo al mar desde tan lejos mover  la luna entre sus olas.
18 mayo 2012 0 Comentarios

DE VERDUGO A FOTÓGRAFO.

 
Seudiel Ramírez empuña el fusil entre sus manos y ancla la mirada hacia su objetivo. Uno,  dos, tres. Dispara a quemarropa.  Las tripas del animal salen dando vueltas por el aire,  la sangre que se escabulle desde el suelo toca sus pies descalzos , se filtra entre sus dedos y ahí comienza la danza de la victoria. Me dice que han pasado treinta años desde entonces.

Ahora sus ojos se abren lentamente como persianas a la luz recordando aquellos tiempos en los que fue verdugo de la vida misma; en eso una niña con capul y vestida de blanco esboza para él su mejor sonrisa, Seudiel mueve la cabeza, apunta, cuenta hasta tres y luego dispara. Esta vez no hay tripas, no hay sangre no hay danza.

 La luminancia del flash viaja a cien millonésimas de segundo, lo que hipotéticamente tardaría una mujer en consumar un orgasmo, una gota de lluvia en caer a la tierra y una bala en penetrar el pellejo de una vaca, la misma que Don Seudiel atrincheró y mató hace treinta años, no por hobby sino  por supervivencia.  Abuelo paterno a cargo de tres pequeñas criaturas : Dos varones de doce y una mujercita de quince que le esperan en casa con los brazos abiertos y quizá una taza caliente de chocolate, en la que pueda palpar con sus dedos el calor de hogar que por años ha guardado con recelo  en su corazón.

Ese miso día, miércoles, el atardecer mordisqueaba las nubes como para que lloviera, pero eso a él no le importaba, era feliz en su trabajo de fotógrafo, iba de allí para allá con su sombra a cuestas balbuceando para sí que el empirismo era la única ciencia exacta en esta técnica que llaman fotografía. Conté cincuenta pasos, treinta y dos palomas, diecisiete árboles, mil quinientas baldosas, 1800 segundos y treinta minutos en los que don Seudiel recibe a su próximo cliente. Aquella escena instintiva devora hombres en la que una cantidad exacta de siete fotógrafos cercaban el parque Santander acechando a los turistas. Lo anterior pareciome tan frágil y  jocoso que evocó en mí una escena de la película tiburón cuatro.

“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”  y éste a diferencia de los hombres que acostumbran a salir en las noches por la tele portando una  capa roja o un cinturón dotado de un arsenal inimaginable de armas, tiene en sus hombros la responsabilidad de capturar con su cámara fotográfica un espacio y momento irrepetible en la historia de cada persona.

Pasan otros treinta minutos en los que Seudiel, el de la vaca, el del fusil, el de la taza de Chocolate tomó su última fotografía, está cerca de anochecer, hoy su tu trabajo no dio las ganancias esperadas, según él cada día que trasciende es más difícil trabajar pues de apoco se esfuma la esperanza de que el turismo en la ciudad de Cúcuta tenga el auge que alguna vez llegó a tener en tiempos de antaño. Entonces llueve.
Los transeúntes en las calles corren desorientados, el torrencial aguacero golpea rítmicamente el pavimento, los almacenes de junto empiezan a cerrar, en cuestión de segundos el  parque Santander vuelve a quedar vacío; las palomas observan y se ríen de la estupidez humana, Don Seudiel en cambio enciende un cigarrillo  y me alcanza uno por cortesía, “Lo siento, no fumo “le digo. “Usted se lo pierde”

Varios segundos después de haber tenido el crocante placer de fumarse en un único cigarrillo las horas laborales, recostado sobre un árbol Don Seudiel con sesenta y siete años guerreados a capa y espada decide por fin marchar rumbo a su casa. Camina desde el parque Santander hasta la avenida libertadores, da dos vueltas sobre su propio eje, corre bajo la lluvia, saca su paraguas y se pierde entre la penumbra.

15 mayo 2012 0 Comentarios

Trazo.

No puedo escribir sobre la mañana. Parece tan frágil que cualquier trazo podría romperle.
14 mayo 2012 0 Comentarios

Escribir entre arena.

Escribir entre arena en medio de la noche con la luna como lámpara me trae bonitos recuerdos, como la vez que intenté elevarme usando tan sólo ambas pestañas.
13 mayo 2012 0 Comentarios

Rain.

Hoy es uno de esos tantos días en los que el alma duele gota a gota,  pareciera que el poema se marchitará adentro y que en los ojos se gestará el amanecer. Ya he llamado a la oficina y he dicho a la secretaria que no pienso ir al trabajo, he optado por quedarme en casa mirando a través de la ventana apilando recuerdos que quizá me lleven a una imágen de su rostro ausente.
La habitación se muestra como un armazón teñido de silencio, y aquí es cuando una simple palabra de tres sílabas lentamente moldea una cicatriz en mi cuello que es posible descoser con los labios, para mi desgracia los míos están muertos y en consecuencia son tierras infértiles pobladas de tinieblas, y eso se debe a que en el último beso te llevaste mi sombra.

Se ve que el día se empeña en mordisquear la nubes para que llueva, de seguro si fuese un árbol estaría excitado en que lloviera, pero en mi caso la lluvia traduce un musical en mi cabeza que no es posible contener en palabras. A veces pienso que me gustaría caer abatido como una hoja al viento que mece está nostalgia que no sé de donde viene pero que he clasificado en fechas, peso y estatura. Seré sincero conmigo mismo: Aún no he podido adaptarrme a esta camisa de fuerza que llaman vida; en cambio suelo sucumbir los sentidos en placeres personales como el eufórico y espumeante sonido que se produce el descorchar una botella de vino o el orgasmico,delicado crujir de una rama al romperse. Intento a delantarme a el pero siempre logra llegar primero, debe existir un truco tras bambalinas, el trueno se lanza en picado y luego retumba en la tierra, la ilusión está en despistar la mirada con el rayo para descrestar luego con un juego de luces que se extienden como venas en las lejanías.

Doy vueltas sobre mi propio eje, levanto el brazo izquierdo, levanto el brazo derecho, muevo la mano izquierda, muevo la mano derecha, doy vueltas sobre mi propio eje, escribo, me toco el pie derecho, me toco el pie izquierdo, me bebo una copa de vino,escribo, me tomo la cabeza, me tomo las orejas,llueve, doy vueltas pero ya no sobre mi propio eje.



09 mayo 2012 0 Comentarios

Sombras.


Curvo la mañana buscando forma a los recuerdos y no encuentro si no sombras que caminan
vacías.
21 abril 2012 0 Comentarios

El Vuelo.

Imagina despertar en lugar desconocido, hacer memoria de la noche anterior con el tacto, con la piel, con la boca, encontrar bajo el párpado un golpe de viento que fracture la mirada en retazos de historia. Abrir la ventana y deshojar el tiempo con un vaporoso moviento de mano, sentarse a ver el mundo mientras otros lo habitan y pasan como sombras entre calles sin hacer ruido. Despegar de repente al abrir las manos.
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Érase un barco.

La noche es un agujero negro, se abre en pecho y sopla fuerte nuestro barco, lo hace tambalear ante la ola, lo sumerge, lo dobla, lo retiene en su vientre y lo echa al naufragio.

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